martes, 23 de julio de 2013

Las palabras en fuga de una fugitiva

Las líneas azarosas de un escrito
Por lo general devienen de un pretexto,
Repleto de pasiones sombrías,
Qué lejos se está por resolver.

El problema de esta placentera aventura
Se presenta cuando devienen del miedo,
Producto final de la claridad
De saberse en desgracia, en riesgo.

La  contrariedad de estas líneas azarosas,
Nace cuando noto que el miedo,
No es más que la certeza de haber perdido
Una batalla que todavía no me anime a dar.

La molestia nace cuando ese miedo deriva
Del sadismo de auto infringirme el dolor,
Hasta sangrar por cada poro de mi piel,
Sin siquiera rozar el placer de ser masoquista.

Y acá me encuentra mi presente
Paralizada y dolorida con mis propios golpes.
Sin palabras, entumecida, asustada,
Por  fantasmas que visten mis sabanas.

Y acá estoy, arrojando a la madrugada
Preguntas que solo yo respondo,
Con argumentos  indemostrables,
Que carecen de lógica posible.

La tesis de la antítesis retorcida,
Las palabras en fuga, y una fugitiva,
Que se niega a reanudar caminos
Empedrados con hilos de angustia.

Retorcida en un eterno dilema
En el que macere la pasión a reveses
Y del que una vez más florezco
Agobiada de girar triangularmente.

Y acá estoy, confundida en la certeza,
Que esta batalla, aunque no quiera,
Me encuentra con la piel gastada,
Pero armada con la insensatez.

Solo me queda tomar la decisión
De responder tu declaración de guerra,
Y salir a vestir tu piel con mis manos
Y mis besos con tu boca… o quizás no…















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